Mirar fuera del centro
Dos personas se mueven en el centro, pero una roda de capoeira se comprende mirando también el círculo que las acompaña. El Iphan, el organismo brasileño de patrimonio, describe una práctica que reúne juego, golpes, ginga, canto e instrumentos como el berimbau, el atabaque y el pandeiro. La música participa en lo que ocurre: no es una pista añadida después para hacer más espectacular una secuencia.
Si solo observamos una acrobacia aislada, perdemos buena parte de esa relación. Una manera más interesante de acercarse a una roda es prestar atención a las entradas y salidas del juego, a las respuestas del grupo y a la conversación corporal entre quienes están dentro.
Aprender también es transmitir
El Ministerio de Cultura de Brasil sitúa en el oficio de mestres y mestras la transmisión de movimientos, cantos, relatos y formas de convivencia. Enseñar capoeira abarca así más que corregir una ejecución física. Los conocimientos se conservan y se transforman a través de personas, grupos y experiencias compartidas.
Conviene evitar la idea de que existe una sola roda idéntica en todas partes. Antes de interpretar un gesto, merece la pena conocer la tradición del grupo que lo practica y escuchar cómo la explica.
Un patrimonio vivo
El reconocimiento de la roda como patrimonio cultural brasileño llegó en 2008; su inscripción en la lista representativa de patrimonio cultural inmaterial de la UNESCO, en 2014. Esos reconocimientos ayudan a situar su dimensión histórica y comunitaria.
Para Fighters, el interés de la capoeira está precisamente en esa atención al conjunto. La próxima vez que veas una roda, prueba a seguir unos segundos el ritmo antes de fijarte en el golpe. Cambia la forma de mirar el juego.